Sol de Sol

Cuando Felipe de Solminihac sacó la botella de debajo de la mesa en el Cata y Vino (Feria de Vinos en el Sheraton de Santiago) sospeché que sería algo especial. Me habló de un vino distinto y que se acercaba más a un Borgoña que a ún Chardonnay del Nuevo Mundo. ¿Un Chardonnay distinto, en Chile?. Claro que sí: el terroir era muy especial. A 600 Km al sur de Santiago (Traiguén) en la región vitivinícola más austral de Chile, con temperaturas bajas que combinadas con adecuada insolación permiten una larga y equilibrada maduración.
El vino es placentero. La nariz llena de olores sutiles. Hay "frutas tropicales" pero también, piedra, maderas finas. En la boca es completísimo con una buen volumen, el alcohol presente pero complementado muy bien por los tostados, acidez lacerante y una deliciosa carga frutal. Es un vino muy sensual y se puede tomar sólo. Sin embargo es una gran oportunidad para acompañar grandes platos de comida del mar. Claro no un delicado ni un tiradito, si no a pesos pesados: Platos con salsas de camarones como los del restaurante San Isidro, langosta al ajo y mantequilla, risotto cremoso de mariscos o trucha o salmón a la parrilla. Estoy seguro de que a los "elmejorblancoesuntinto" les cerrará la boca y después los dejará con la boca abierta.

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